Brían
Boru forma parte de ese grupo selecto de personalidades
históricas que pasan a engrosar las filas del mito
desde un principio. De él los bardos han escrito
himnos y poemas y los monjes han recopilado y comentado
sus hazañas. Sobre él se cuentan leyendas
y hechos increíbles, y aún hoy día,
los historiadores no están del todo de acuerdo en
muchos de los puntos que se refieren a su biografía
y a su importancia histórica.
Los
vikingos también hablan de sus hazañas en
sus sagas y epopeyas, escritas muchas de ellas en Islandia
siglos después, carentes a veces de valor histórico
(al igual que las crónicas de los monjes, aunque
es lo que hay) y que dotan a la figura de Brían de
tintes legendarios, y por añadidura a sus contemporáneos
Malachi el Grande, la bella princesa Gormlaith,
el rey de Dublín Sitric Barba de Seda,
Mael Morda de Leinster, y otros tantos
personajes, cuyas vidas se precipitarán inexorablemente
hacia el precipicio final que fue Clontarf, en el año
1013, la más famosa y sangrienta batalla de toda
la Historia de Irlanda. Como en la saga artúrica,
el gran enfrentamiento en donde todos mueren, vencedores
y vencidos, y con ellos los sueños de ver una Irlanda
libre y en paz.
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Ilustración
decimonónica de Brían Boru. |
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SE ACERCA AL AÑO MIL
Tal
como vimos al final del capítulo anterior, a finales del
siglo X los reyes supremos cada vez tienen más poder frente
al resto de los cientos de caudillos y monarcas que había
en la isla. De alguna manera se van distanciando del mundo fragmentado
y dividido que conformaba una Irlanda inestable y en guerra continua,
para adquirir la talla casi mayestática que ostentaba cualquier
monarca europeo del momento. Asistimos por tanto a cierta centralización
política (aún en ciernes pero en camino), y a cierta
homogeneización del mundo gaélico (proceso que comenzó
con la llegada del Cristianismo siglos atrás), que de alguna
manera reafirma su identidad frente al mundo vikingo (o a causa
de este), mientras ejerce una poderosa y casi misteriosa atracción
sobre los invasores, que en estas décadas serán casi
definitivamente absorbidos por la cultura insular céltico
– cristiana.
Este proceso vendrá acompañado del surgimiento de
figuras históricas incontestables, de las que se harán
eco no solo las fuentes locales irlandesas, llegando a oídos
de buena parte de la Europa del momento. Así, Irlanda dejará
de ser famosa por sus monjes y sus santos, y empezará a producir
grandes reyes y hombres de armas, pasando, de alguna manera, a engrosar
las filas del mundo feudo vasallático imperante en el continente.
Nunca más una isla alejada de todo, sino una pieza vital
en el mundo europeo medieval. Para bien o para mal, Irlanda se modernizaba.
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UN NUEVO PODER SURGE EN EL SUR
Munster
siempre ha contado con menor número de fuentes que las provincias
de Leinster y Ulster, pero esto no nos debe llevar a pensar en una
provincia menor, pues recibió influencias europeas a un nivel
similar al de sus vecinos del Norte y Oeste, e incluso, como ya
vimos, el cristianismo llegó aquí antes que al resto
de Irlanda, por lo que Munster siempre fue una provincia fuerte,
con clanes poderosos y formidables guerreros, como se puede observar
en el pronto establecimiento de colonias en tierras galesas desde
tiempos paganos.
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Vista
actual de Cashel, sede de los reyes de Munster desde
principios de la Era Cristiana en Irlanda. Actualmente
ninguna de las ruinas que se conservan es anterior al
año 1100. |
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Todas las provincias irlandesas eran un conglomerado de reinos y
clanes enfrentados entre sí, como ya sabemos. Munster no
es una excepción, y además (al igual que Leinster)
contenía ya no asentamientos, sino reinos vikingos de gran
envergadura, como Cork y Límerick, que jugaban un papel importante
en el desarrollo político de la provincia.
El clan de los Eoganacht había sido siempre
el principal y más poderoso, así todos los reyes de
Munster pertenecían, casi sin excepción, a esta dinastía,
cuya sede estaba en Cashel, gaelizado del latín Castellum,
lo cual nos da una idea de la influencia romano cristiana que recibió
esta área desde tiempos remotos. Así Cashel es la
única “capital” provincial cuya fundación
no hunde sus raíces en las brumas del paganismo y la leyenda,
si no que fue concebida como cristiana desde un principio.
Al igual que un rey provincial podía llegar a tener más
poder que un rey supremo, lo mismo podía pasar dentro de
una provincia, y así en Munster, y gracias a las luchas contra
los vikingos de Límerick, surge un nuevo poder, encarnado
en el clan de los Dal Cais, que desde finales el
siglo X constituye la fuerza militar más poderosa de Munster,
desarrollada en base al papel que les tocó de ser el clan
irlandés más cercano geográficamente a Límerick,
con lo que ello suponía, y favorecidos por la política
expansionista de los reyes supremos que arrasaban Munster de manera
continua y casi deportiva en busca de sumisión, perjudicando
a los Eoganacht. Es evidente que esto hizo fuertes
a los Dal Cais, y ellos lo aprovecharon para imponerse
al clan rival y para dominar todo el sur de Irlanda, rivalizando
con los Reyes de Tara, cuyo dominio real se centraba en el Norte.
En este contexto, en donde los Dal Cais tenían
tantos frentes abiertos, con los Ui Néill al
norte, los Eoganacht al sur, y los temibles vikingos
en casa, surge la figura de Brían Boru.
.
Brían descendía de una estirpe de
reyes guerreros y carismáticos. No podría haber sido
de otro modo si querían sobrevivir, pues como va dicho, tenían
a los vikingos de Límerick en su territorio, que abarcaría
la región de Munster al norte del Shannon, lo que actualmente
es County Clare. Así los Dal Cais se movieron
siempre entre la alianza con los nórdicos, la sumisión
y el pago de tributos a veces, o la guerra abierta, siendo un clan
fuerte y numeroso.
El abuelo de Brían, llamado Lorcán,
y más tarde su padre Cennetic, dedicaron
todo su reinado a la lucha contra el clan rival, siguiendo una política
claramente expansionista, que incluía también alianzas
con los reyes supremos. No olvidemos que Cennetic
dio la mano de su hija Orla, hermana de Brían,
al ard rí del momento, Donnchad mac Flann,
a fin de aumentar, de alguna manera, su esfera de influencia y su
poder.
El hermano mayor de Brían, Mathgamain,
será el siguiente rey del clan Dal Cais,
después de un interregno de dos años, que va desde
el 951 al 953. Su política expansionista obtuvo sus frutos,
y es considerado por algunas fuentes como el primer rey de Munster
fuera del clan de los Eoganachta (967). Ya antes
había establecido bases a lo largo del Shannon, controlando
la estratégica región del centro de Irlanda en donde
confluyen las fronteras entre Mide, Connacht y Munster, y teniendo
la posibilidad de saquear el monasterio de Clonmacnoise (959), cuyas
crónicas, por cierto, (quizá a causa de esto) siempre
serán favorables a los reyes supremos y críticas con
los reyes de Munster.
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BRÍAN BORU REY
Brían
era el menor de sus hermanos, cuyo número no está
claro, a aunque se cree que fueron en torno a 11 (legítimos).
Siempre creció en un ambiente de guerra continua, con lo
cual estaba, de alguna manera, destinado a ser un gran guerrero
como su hermano y su padre, sin embargo, percatándose su
clan de la inteligencia despierta del joven heredero, y en base
a la importancia que los Dal Cais iban adquiriendo
en toda Irlanda, decidieron, de alguna manera, que Brían
recibiera una buena educación, que el oficio de la guerra
lo aprendería tarde o temprano, sobre todo a raíz
de la muerte de su madre Bé Binn (princesa
de Connacht) a manos de los vikingos de Límerick, que siempre
dejó en Brían cierto afán
de venganza.
Por lo tanto, y sin negar la segura pericia guerrera que Brían
adquiriría como futuro rey, fue llevado a los monasterios
de Clonmacnoise e Innisfallen, en donde aprendió Griego y
Latín, pudiendo así leer a los grandes autores de
la Antigüedad y aprender de la vida de grandes guerreros y
hombres de estado como Alejandro, Julio
César o Carlomagno. Este tipo de
estudios abrieron la mente del joven Brían,
que no aspiraba a ser un rey irlandés más, con poder
local y en continua guerra con otros reyes, haciendo de Irlanda
un país inestable y a merced de los invasores vikingos. Él
soñaba con un reino unificado bajo su poder, en donde las
rencillas y luchas civiles formaran parte del pasado, creando una
especie de Pax Hibernica, algo que ninguno de los reyes
supremos había pretendido jamás, pues si bien todos
aspiraban a gobernar la isla de facto, ninguno de ellos era capaz
de imponer una paz duradera, sintiéndose a gusto dentro del
belicoso e inestable mundo insular cuyo origen se remontaba al principio
de los tiempos. Pero Brían Boru tenía
intención de cambiar esto.
El joven príncipe sentía gran odio hacia los vikingos,
a quienes siempre se les consideró extranjeros, y su idea
era expulsarlos para siempre de Irlanda. Con el tiempo, y a medida
que su fervor juvenil maduraba se daría cuenta de que los
nórdicos poblaban las costas de la isla desde hacía
2 siglos, formando ya parte del mundo gaélico. Se habían
convertido al Cristianismo y tenido hijos con mujeres irlandesas,
dando lugar a un mundo nuevo, híbrido céltco –
germánico que marcará el devenir insular en adelante.
Brían comprendería esto más
tarde, cuando se alíe con los vikingos de Wexford frente
a sus enemigos e introduzca efectivos nórdicos en sus ejércitos.
Pero aún era un joven inquieto, y descontento ante la actuación
de su hermano el rey (que pactó con los nórdicos de
Límerick) lo primero que hará una vez regrese de su
vida entre los monjes será formar un ejército propio,
que luchará al margen de todo y solo bajo su mando, y cuyo
objetivo era eliminar vikingos, tendiéndoles trampas y emboscadas,
usando una técnica de guerra de guerrillas, digamos. Así
desde las montañas del norte de Munster fue forjando sus
aptitudes como uno de los mejores guerreros que jamás daría
Irlanda.
Pronto volverá sin embargo al seno familiar, para permanecer
junto a su hermano el rey, abandonando esa vida montaraz que sin
embargo tanto le enseñó, y de donde sacaría
ideas que utilizaría en el futuro, y que le proporcionarían
grandes victorias. La primera de ellas llegó cuando los vikingos
de Límerick rompieron el tratado que Mathgamain
había hecho con ellos. Brían en aquel
tiempo ya lideraba el ejército del rey, y fue él quien
lo conduciría a la batalla contra los vikingos, a los que
barre en Sulcoit (967). No contento con eso marchó sobre
la propia Límerick, ciudad que tomó y saqueó
sin duelo. Allí encontró a muchos esclavos irlandeses,
algo que parece ser horrorizó en extremo al joven caudillo,
que ejecutó a 800 vikingos en represalia.
Volvía así Brían Boru a casa
cubierto de gloria, aunque esta victoria no significaba la paz,
ni mucho menos, y su reino siguió envuelto en luchas e intrigas,
una de las cuales acabó con la vida de su hermano el rey,
que parece ser fue capturado por los de Límerick y entregado
al clan rival, los Eoganacht, en el 976. Brian
era ahora cabeza de su clan y rey de Munster, aunque antes de mirar
más allá de su provincia y empezar su expansión,
y antes de poner en práctica todo lo que había aprendido
(en el monasterio y en la batalla), primero debía solucionar
sus problemas domésticos. Es decir, afianzarse en el trono
frente a sus enemigos, los vikingos al norte y los Eoganacht
al sur. A los primeros los derrotará estrepitosamente en
el 977, y esta vez Brían acabará
con la vida del propio rey Ivarr de Límerick
y sus dos hijos, que estuvieron implicados en el asesinato de Mathgamain.
A los Eoganacht los vencerá al año
siguiente.
Así, con los asuntos de casa resueltos y gobernando con mano
firme, Brían Boru, rey de Munster, pone
sus ojos en el resto de Irlanda, que aspira a gobernar, siendo un
verdadero rey de reyes, como su contemporáneo Otón
estaba haciendo en el continente, o como Carlomagno
hiciera siglos atrás.
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MALACHI EL GRANDE
Mael
Sechnaill mac Domnaill, conocido como Malachi Mór
(el grande) fue rey de Mide desde el 975, y llegará al trono
de Tara, sucediendo a Domnaill Ua Néill,
en el 980.
Brían sabía que tarde o temprano debía de enfrentarse
al árd rí de turno, si quería dominar Irlanda,
y Malachi fue el que le tocó en suerte.
Siempre a la sombra de los hechos de Brían,
la Historia quizá no ha juzgado justamente a Malachi
Mór, cuyas hazañas estarían a la altura
de las de otros grandes como Flann Sinna o los reyes de Ailech.
El único problema es que Malachi tenía
la misma mentalidad que sus antepasados, consistente en dominar
la isla a base de guerras continuas que en el fondo no traían
estabilidad, pero que reportaban grandes beneficios a su clan a
costa de otros irlandeses. Irlanda siempre había funcionado
así, y él se sentía cómodo con la situación.
Brían Boru por el contrario tenía
una visión más amplia de los acontecimientos, y sabía
que ninguno de los reyes anteriores había sido capaz de crear
una paz duradera y por lo tanto prosperidad para Irlanda, ellos
preferían la guerra civil continua, mientras Brían
miraba a Carlomagno, que fue capaz de traer prosperidad
a su reino, haciendo florecer la cultura y las artes.
La vieja mentalidad, frente a la nueva, quedan así enfrentadas.
¿Cuál prevalecerá?
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Escultura
ecuestre de Malachi Mor, en Trim, County Meath, en lo
que sería la antigua provincia de Mide. |
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Malachi
el Grande era hijo de Dunflaith, que como
sabemos se casó luego con el rey Olaf Cuaran
de Dublín. Así el vikingo era su padrastro, lo cual
no quiere decir que su relación fuera cordial. Más
bien todo lo contrario, sobre todo a raíz de que su padrastro
se casara con otra. Esta otra era la princesa de Leinster llamada
Gormlaith, famosa por su belleza, ambición y astucia.
Las fuentes no coinciden en las fechas de nacimiento de todos estos
personajes, aunque podemos decir que la princesa no alcanzaría
los 20 años en este momento, mientras que Olaf rondaría
los 50. En cualquier caso, y problemas familiares a parte, la sempiterna
pugna entre el rey supremo y los vikingos de Dublín volvió
a repetirse. Así lo primero que hizo Malachi Mór
al acceder al trono supremo fue plantar batalla a su padrastro,
al que derrota estrepitosamente en la batalla de Tara (980). Frente
a todos los pronósticos, pues ni el propio Olaf,
hombre de experiencia, creía a su hijastro capaz de tanto,
Malachi se presenta ante las puertas de Dublín,
dispuesto a tomar la ciudad de los extranjeros, y liberar a su tierra
de lo que la crónica de Clonmacnoise llama la "cautividad
de Babilonia de Irlanda". Parecía por tanto algo más
que una demostración de fuerza, y como casi un siglo antes
hiciera su antepasado Flann Sinna, Malachi
toma y saquea la ciudad.
Su poder parecía incontestable, aunque el rey supremo irá
aún más allá, pues pronto empezará a
colocar reyes en Dublín a su antojo. Es aquí cuando
la ciudad empieza definitivamente a depender del poder irlandés,
algo que no siempre aceptarán de buen grado, lo cual se pone
de manifiesto décadas después cuando intenten sacudirse
el yugo bajo el que vivían, provocando la inmediata respuesta
de los reyes de Irlanda, y que llevará a la batalla de Clontarf,
y a la gaelización de los nórdicos.
Malachi adoptará ahora el sobrenombre de
“Mór”, el Grande, y colocará a su medio
hermano Glun Iairn (hijo de Dunflaith
y Olaf Cuarán) en el trono de Dublín.
Olaf, sintiendo quizá el peso de los años,
se va de peregrinación a Iona, en donde muere poco después.
Malachi Mór había prometido al viejo
rey cuidar de su familia en su ausencia, y así lo hizo, sobre
todo en lo concerniente a su joven viuda, Gormlaith,
con la que contrae matrimonio.
El tema vikingo parecía controlado bajo la mano firme del
árd rí, pero de nuevo la vieja Irlanda seguía
sangrando por sus viejas heridas, las de la guerra interna. Brían
Boru seguía prosperando en la mitad sur de la isla,
expandiendo su poder, y Malachi Mor, el gran rey
supremo de Irlanda, no podía tolerar algo semejante. El enfrentamiento
entre ambos era solo cuestión de tiempo.
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BRÍAN BORU EMPERADOR DE LOS IRLANDESES
Habiendo
Brían leído a los autores clásicos,
y conociendo los hechos de Carlomagno, sabía
que si quería gobernar verdaderamente Irlanda y después
crear una paz duradera, debía disponer de un buen ejército.
Así una vez sentado en el trono de Munster puso en práctica
muchas de las ideas que le rondaban desde su época de estudiante
monástico, la primera de ellas fue crear una caballería
fuerte y disciplinada, la primera en la Historia de Irlanda, ya
que como sabemos, los celtas combatían a pie, al igual que
los vikingos, por otra parte. De estos últimos tomó
la idea de crear una flota, la primera también en la Historia
de la isla.
Brían por tanto disponía ahora de
un ejército poderoso, y el rey supremo era consciente de
ello. Invadir y dominar Munster era difícil para Malachi
Mór, pero al menos podía contener a su enemigo
en la mitad sur de Irlanda, dejando claro quien era el árd
rí. Asi en el año 982, el rey de Tara va hasta la
patria de Brían Boru, la región de
Thomond, y allí destruye el árbol sagrado de Magh
Adair, que era el lugar en donde los Dal Cais coronaban
a sus reyes desde tiempos prehistóricos. Brían
mientras tanto seguía haciéndose fuerte en
todas las zonas de Irlanda excepto en el norte. En el 983 atacará
Connacht con su flamante nueva flota, y hará lo propio en
reino de Osraige (entre Munster y Leinster) tomando rehenes allí
con éxito, y en Leinster. Un año después volverá
a tomar rehenes en las mismas zonas, aunque esta vez con ayuda de
los vikingos de Waterford.
Malachi Mór mientras tanto veía con
preocupación estos hechos, y de cuando en cuando emprendía
acciones de castigo contra los territorios de Brían
Boru, casi siempre con éxito, todo hay que decirlo,
aunque supongo que intentar frenar al rey de Munster era como obstruir
un volcán que tarde o temprano terminaría explotando.
Además su leyenda crecía, pues no solo cada vez más
reyes le apoyaban, quizá por el mucho rencor acumulado contra
los Uí Néill durante siglos, si no
que gran parte de la Iglesia estaba con él. Y si el tema
vikingo preocupaba a los Irlandeses, Brían
se presentó así mismo como defensor de su pueblo,
derrotando estrepitosamente a un gran ejército nórdico
en Glenn Máma (999), tras lo cual, el propio Sitric
Barba de Seda, rey de Dublín, tuvo que pactar con
él unilateralmente.
Normalmente los aspirantes a rey supremo protagonizaban grandes
hechos de armas (recordemos el circuito de Irlanda de Muirchertach
el de las capas de cuero, por ejemplo) y hazañas
increíbles, y se rodeaban de bardos y otros propagandistas,
entre ellos la Iglesia, para ensalzar sus proezas a ojos del pueblo
y de otros reyes, consiguiendo así apoyo a su candidatura,
digamos. Era como una especie de campaña electoral, en donde
llegaba a rey de Tara solo el más fuerte, el más sabio,
el más prudente. El título de rey supremo estaba reservado
a la dinastía de los Uí Néill,
como sabemos, así entre sus diferentes clanes la pugna era
continua, y las campañas muy duras.
Brían Boru no era un Uí Néill,
sin embargo él también estaba haciendo su particular
campaña. Digamos que todas sus demostraciones de poder, sus
alianzas y movimientos políticos, sus victorias contra los
vikingos etc. tenían como fin llevarle al trono supremo,
y su oportunidad llegó de la mano del propio Malachi
Mór, cuando se divorcie de Gormlaith
(madre de Sitric, rey de Dublín, no lo olvidemos).
Brían, que tenía como hemos visto
ciertos acuerdos con Sitric, se casará con
ella. Esa fue una jugada de gran talento político, ya que
Gormlaith era un símbolo de poder, habiendo
estado casada con Olaf Cuarán, rey de Dublín
y York, y luego con el rey supremo de Irlanda, Malachi el
Grande. Ahora le tocaba el turno a Brían,
que en aquel momento gozaba de la mayor popularidad posible, con
Malachi arrinconado al norte, la Iglesia contenta
con el trato que de él recibía (ofrendas costosas,
reconstrucción de monasterios…) el apoyo de muchos
reyes influyentes, y además con los vikingos a raya, y la
carismática Gormlaith de Leinster como esposa.
Lo único que le quedaba era ser rey supremo, y lo conseguirá.
Estamos en el año 1002, y por primera vez en la Historia
de Irlanda, un rey no perteneciente a los Uí Néill
era coronado en Tara, una situación inédita y excepcional,
pero los tiempos también lo eran. Irlanda atraviesa así
el Milenio como un país flamante y nuevo, fuerte y unido
bajo un solo hombre, Brían Boru, un verdadero
rey de reyes.
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Figura
que representa al rey Brían sentado frente a
las cabezas cortadas de sus enemigos.
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