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INTRODUCCIÓN: En el periodo histórico que comprende el final del s:XIX hasta el final de la II Guerra Mundial Asia en general y el extremo Oriente en particular, sufre un doble proceso que transformará su identidad socioeconómica y política con consecuencias que aun hoy perduran. El doble proceso consiste por un lado la introducción de la economía capitalista y de mercado debido a la colonización e inperialismo de las potencias europeas, y por otro, y unido al colonialismo la introducción de nuevas formas de vida, valores intelectuales, tecnología que suponen la transformación y la modernización de las sociedades orientales. Fruto de este doble cambio surge la constitución de fuertes nacionalismos que por un lado reivindican la independencia política pero que en muchas ocasiones aspiran a liquidar las instituciones y las oligarquías semifeudales que habían imperado en los territorios antes y bajo el dominio colonial. La evolución de este proceso se puede articular en tres fases: -La primera se extiende hasta la primera Guerra mundial donde se extiende el colonialismo occidental económico en Japón y China y político en el resto del continente. -El periodo de entre guerras que sirve para que Japón asume su papel de potencia económica en la zona convirtiéndose en el paladín asiático frente al dominio occidental y aparecen los primeros movimientos nacionalistas en el resto del continente. -La Segunda guerra Mundial: La derrota de los aliados en la primera fase de la guerra explícita muchos de los nacionalismos que tras el conflicto reivindican la Independencia y China completa una revolución Popular que a partir de entonces influye en todo el continente.
La reacción de extremo Oriente ante la extensión del dominio colonial e imperialista europeo-occidental se puede agrupar en dos bloques: La creación de colonias imperialistas sobre el subcontinente indio, Indochina y los archipielagos asiáticos y la transformación de las dos civilizaciones feudales y estáticas como son China y Japón con resultados radicalmente distintos. En china la incapacidad de adaptación del Imperio y sociedad tradicional desembocaría en la revolución de 1911, la guerra civil en el 1937 y 1945 y finalmente la instauración de un régimen comunista. En Japón , la revolución de 1868 inició un rápido proceso de occidentalización y modernización que en el curso de treinta años hizo del país una potencia de primer orden y un importante poder industrial y comercial. Las razones de estas diferencias habrá que buscarlas en el diferente marco geográfico y en la reacción cultural de ambas civilizaciones. Efectivamente Japón con dimensiones más reducidas permitía mejor una rápida extensión de un poder central y la aplicación de las reformas económicas. Al mismo tiempo se produjo una revolución desde arriba que facilitó las transformaciones mientras que la sociedad China se cerraba ante cualquier injerencia extranjera provocando el agravamiento de la crisis interna de su sociedad.
La revolución se consumó entre 1866-68 y fue conocida
por Meiji, nombre que adopta el nuevo emperador. Precedida por pequeñas
transformaciones económicas y el desprestigio del shogunado ante
las continuas injerencias extranjeras se canalizó en la reforma
del aparato del estado. Se abolieron los privilegios samurais y se procedió a la creación de un ejército nacional según el modelo prusiano con servicio militar obligatorio. Se separaron los tres poderes ,legislativo,ejecutivo y judicial, estableciendo un gobierno y una asamblea bicameral consultiva siempre bajo el control del Emperador y un grupo reducido de personalidades notables que supervisaron la evolución del proceso. Por último en 1871 se establece la igualdad jurídica de los japoneses transformando el armazón del derecho y se inició una amplia reforma educativa a imagen de la occidental con la construcción de escuelas primarias, liceos y la primera universidad fundada en Tokyo la nueva capital imperial. La acción del gobierno fue igualmente decisiva en la modernización del sistema y estructuras económicas . Creó el marco legal que hizo posible el desarrollo de una economía de mercado usando los instrumentos a su disposición: política presupuestaria y fiscal dinámicas y aranceles proteccionistas. El estado estableció directamente las primeras factorías textiles, de cemento, hierro y acero en la década 1870-80 y potenció la creación de un sistema financiero de corte occidental. Pronto se desarrollaron grandes conglomerados industrial-financieros de base familiar y con origen en las élites sociales; los zaibatsu, con un gran índice de concentración y cohesión que facilitó la actividad privada. Paralelo al crecimiento industrial se produce un fuerte proceso de urbanización que refuerza un incremento económico de un 4,4% anual entre 1880y 1913. Al finalizar la primera década del S.XX la idea básica de la revolución, hacer un país rico y un ejército poderoso parecía en la práctica conseguida. Sin embargo un fuerte sentimiento nacionalista exaltado crece junto al desarrollo social y económico a medida que se lograban los triunfos económicos y sociales. Las élites japonesas justifican un liderazgo asiático que extienda un imperialismo agresivo frente a la injerencia extranjera, al servicio de esta idea se encuentran el poder del ejército muy ligado al emperador y que no estaba sujeto por las directrices del parlamento. La guerra chino-japonesa 1894/95 y la ruso japonesa 1904/5 son fruto de las necesidades de expansión económica y las ambiciones militares y demuestran el poder e importancia que obtiene Japón en el Extremo Oriente. Sobre todo la victoria contra Rusia que demuestra su mayoría de edad en el contexto internacional en el que a partir de entonces trata de igual a igual a las potencias europeas y sirve de ejemplo a los nacionalismos asiáticos.
Aunque disponía de un poder central organizado capaz de iniciar una revolución desde arriba al estilo del Japón , el Imperio, este se encontraba en plena decadencia. En primer lugar su control en la extensa geografía china era meramente nominal, además el mismo carácter extranjero de la dinastía manchú le restaba autoridad moral para movilizar al cuerpo social. Por último en la corte y las élites chinas se produjo hasta las primeras décadas del siglo XX una permanente pugna contra todo intento de occidentalización, reforma y apertura. Las guerras del Opio en 1840 y 1856 habían puesto de manifiesto
la debilidad política y militar del imperio. Las potencias europeas
encabezadas por Inglaterra abrieron numerosos puertos francos y obtuvieron
pequeños enclaves territoriales desde los que socavaron e hicieron
totalmente dependiente la economía China. Pero el hecho que culminó
el proceso de debilidad fue la derrota ante Japón en 1895 que le
arrebata Formosa impone su influencia en Corea. Todos estos hechos tuvieron
hondas repercusiones: En 1905 en Cantón ,lejos de la influencia del gobierno, Sun Yat-Sen
iniciará un movimiento popular, La liga unida basada en los principios
del nacionalismo, democracia y socialismo. Sus intenciones son la expulsión
de los manchues, la proclamación de la República y la restauración
de china a los chinos.
Las consecuencias de la I G.Mundial: Aparición de los nacionalismos. El primer conflicto mundial fue el acontecimiento que subvirtiendo el orden colonial iba a servir de catalizador para el despertar nacionalista de los pueblos de Extremo Oriente y en general de Asia y África. Las grandes recursos y las masas movilizadas para los ejércitos aliados hizo posible la extensión de las ideas progresistas y nacionalistas a gran parte de la población a partir de 1919 y que se confirma en numerosos ámbitos: La afirmación de los principios de autodeterminación y nacionalidad como fundamento del nuevo orden internacional representado por la Sociedad de Naciones. La aparición de una nueva generación culta y bien preparada en las colonias fruto de la propia colonización que importa las ideas políticas occidentales más progresistas y potencia la creación de élites mejor preparadas. El impacto de la revolución soviética y la labor de la internacional comunista en apoyo de la liberación de los pueblos y la lucha anticolonial. En 1919 se aprueba en la India la ley de gobierno de la India donde se concede autonomía política y administrativa a las provincias y se crea un parlamento bicameral aunque el poder sigue en las manos del Virrey. Estas medidas responden a las dificultades del Imperio británico para responder a los cada vez más activos movimientos nacionalistas, pero resulta insuficiente para el cambio de mentalidad que se estaba produciendo. Ghandi, líder del partido del Congreso la considera insuficiente y escaló en la política de confrontación reclamando la independencia. Se inician numerosas campañas de desobediencia civil, movimientos terroristas y formación de movimientos paralelos como la liga musulmana que mantendrán el conflicto con la administración británica colonial durante buena parte de las décadas 20-30. El ejemplo británico se repetirá en los numerosos dominios europeos de Extremo Oriente; revueltas en Birmania, Ceilán, Indonesia- que conoce una revuelta comunista- e Indonesia, donde también comunistas y nacionalistas habían iniciado la oposición al dominio francés incluso con periódicos anticoloniales promovidos por intelectuales en Saigón
En los diez años que transcurren de 1911 a 1922 los militares se hicieron con el dominio de la República cuyo gobierno se limitaba prácticamente a la zona de Pekín. El país estaba literalmente arruinado: guerras interprovinciales, bandidismo, hundimiento del comercio interior, colapso de las grandes ciudades todo ello destruyó el orden social y político. Sun Yat- sen exiliado y apartado del poder vuelve a recomponer en el sur el Guomidang e inicia una revolución cultural en la que se rechaza progresivamente la tradición y estructuras feudales de la sociedad china y se introducen los valores progresistas y liberales occidentales. Proclama la República nacionalista China y busca el apoyo del minúsculo partido comunista chino respaldado por la Internacional Comunista que ya en 1920 había incluido a china como uno de los objetivos del movimiento de liberación de los pueblos oprimidos. El objetivo era lograr la unidad nacional y adoptar los tres principios
del pueblo: nacionalismo, democracia y bienestar popular. Militarismo y nacionalismo en Japón: Durante la guerra mundial; Japón, reforzó su autoridad
política y económica en extremo Oriente obteniendo importantes
concesiones territoriales en china y las posesiones alemanas en forma
de mandatos de la sociedad de naciones. Sin embargo el ejército aparecía divorciado del poder civil y la propia estructura elitista de la sociedad japonesa provocó la extensión de tendencias militaristas y nacionalistas que abogaban por la construcción de un Imperio japonés autoritario en el que el poder de los partidos políticos y los grandes consorcios financieros sería restaurado al Emperador. La crisis económica del 29 reforzó el descrédito de los gobiernos parlamentarios y en 1931 se produjo la ocupación de Manchuria al margen de la autoridad del gobierno que desencadenó una fuerte crisis política. En 1932 jóvenes nacionalistas asesinan al presidente Tsuyshi y en adelante el Emperador nombró gobiernos presididos por hombres de confianza con el beneplácito del sector militar acabando con el gobierno de partidos políticos. Japón se vio arrastrado hacia una política exterior cada vez más condicionada por las exigencias de la guerra y de la expansión territorial en el continente que favoreció positivamente la rápida y notable recuperación económica que el país experimento desde 1932. En 1937 confiado en su superioridad tecnológica y militar declara la guerra a China ocupa Pekín, desembarca en Shanghai e inicia un conflicto total en el continente. En China se produce un pacto de unión nacional entre nacionalistas y comunistas ante la agresión japonesa, este hecho será decisivo para el crecimiento de los maoistas entre la población campesina durante los largos años de conflicto. Los avances japoneses son notables conquistando una parte considerable de los territorios del norte y centro del país pero no pudieron lograr una decisión final y definitiva y la guerra terminó por absorberse en la II Guerra mundial. La Segunda Guerra Mundial: El despertar de los nacionalismos La guerra chino-japonesa fue una catástrofe en términos
humanos y materiales para ambos países. Políticamente para
China el resultado último fue el triunfo comunista de 1949 tras
la finalización de la guerra que con el apoyó de la U.R.S.S.
derrota a los ejércitos nacionalistas y funda la República
Popular China. En el resto de Extremo Oriente la ocupación japonesa, aunque
con el tiempo fue considerada una invasión, sirvió para
potenciar los nacionalismos de una forma decisiva. Muchos de ellos aprovecharán
el vacío de poder tras la retirada de los japoneses en 1945 para
establecer gobiernos independientes que serán duramente reprimidos
por las potencias europeas. Es el caso de la Indochina francesa o la Indonesia
holandesa en ambas se iniciará un proceso imparable hacia la liberación.
En Hanoi se establece un gobierno que proclama la independencia bajo la
influencia de las ideas marxistas de la U.R.S.S. y China. Suarto en Indonesia
pactará una autodeterminación que acabará pronto
rompiendo los lazos con la metrópoli holandesa. CONCLUSIÓN A excepción de China y Japón todos los territorios asiáticos
sufren una ocupación colonial por parte de las potencias europeas
que transforma sus estructuras económicas y sociales. Se modernizan
las infraestructuras se introduce una moderada industrialización
y se desarrollan los núcleos urbanos. Al mismo tiempo la educación
occidental y la importación de las ideologías occidentales
más liberales creó unas élites autóctonas
mejor preparadas y conscientes de su nacionalidad. Las dos guerras mundiales sirven de catalizadores para la evolución
política y social asiáticas. Por un lado sirven para que
los diferentes pueblos asiáticos tomen conciencia de su nacionalidad
social y cultural dentro de las estructuras políticas coloniales.
Y por otro, Japón, en la segunda guerra mundial acabará
con el poder político europeo que será aprovechado por los
primeros movimientos nacionalistas para proclamar las primeras independencias
en el vacío de poder de la inmediata posguerra. © Gabriel Martinez Cebolla |