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Ibn
Tumart, fundador del movimiento almohade. II parte.
Los almorávides pues (ver I parte),
se han contentado por el momento con detener las incursiones almohades
que van mas alla, al norte, de las montañas que les sirven
de cobijo, sin embargo, todo el sur de esa linea continua expuesto
a sus ataques.
Durante
los años 1127 y 1128 sus incursiones se dirigen contra el
valle del Sus y hacia el este, contra las tierras de los Haskura.
Se alternan éxitos y fracasos mientras los almorávides,
en el 1129, sufren una cruenta derrota en Al-Andalus de manos de
Alfonso el Batallador. Esta derrota no pudo dejar
de sentir sus efectos en Marruecos, sin duda, esta clara debilidad
momentánea de sus rivales impulso a Tumart a llevar
adelante su mas atrevido plan de actuación, el ataque a la
capital enemiga.
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La
depuración sangrienta -el Tamiz-
Tumart,
consciente de la doblez (que era permanentemente aprovechada
por los almorávides) de no solo algunas se las tribus
que se declaraban afines, si no también algunos de
los miembros de sus cabilas mas leales, impulso, llevado
por una feroz caza de brujas, el exterminio de todos los
disidentes (englobando en esta denominación seguramente
a todos los que no estaban por la mas fanática de
las lealtades hacia su líder).
Entre
los ajusticiados se dice que los más fueron personas
de cierta edad, menos inclinados a embarcarse en esa continuada
y arriesgada vida de peligros que representaba la causa
del Mahdi. Fue tal la ferocidad de la depuración
que se llego a ver como miembros de una misma familia se
llegaban a acusar y a ejecutar entre ellos.
Hay
que decir que tras esta matanza el Mahdi se sintió
ya mas seguro de la lealtad de sus huestes, quizás
sentía que necesitaba proteger su retaguardia de
estos, por llamarlos de alguna manera, elementos menos afines.
Lo cierto es que tras la debacle ante Marrakech, que quizás
en otras circunstancias hubiese sido definitiva, en este
caso no supuso ningún golpe mortal para el movimiento
de Tumart. Posiblemente la depuración llevada adelante
elimino de raíz la posible disidencia que se debería
haber vivido tras la terrible derrota.
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En
la primavera del 1130 el ejército almohade parte rumbo a Marrakech.
Combaten duramente en su ruta hacia la capital, dos batallas, la
ultima frente a Agmat, los almorávides son derrotados con
contundencia. El camino a Marrakech queda así abierto.
La
mañana del 1 de abril el ejército almohade en pleno se acerco
hasta la puerta de Bab al-Saria, una precipitada salida de la guarnición
a la que se unió entusiásticamente parte de la población
(1) fue dramáticamente rechazada quedando la moral
almorávide severamente trastocada.
Los
almohades, envalentonados con esta larga sucesión de éxitos,
trasladaron sus reales a la zona de Al-Buhayra, el huerto mas rico
de la ciudad. Allí se asentaron cómodamente esperando
una oportunidad para lanzarse sobre la atemorizada población.
El
sultánAli b. Yusuf, permaneció protegido por
las murallas de la capital sin atreverse a desafiar más en
campo abierto a sus enemigos. Se limito ahora a pedir refuerzos
de las provincias mas próximas y a esperar el desenlace de
los acontecimientos.
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Las
murallas medievales de Marrakech
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Poco
a poco tropas de las mas variadas procedencias fueron llegando
a la capital. La estrategia almohade (quienes no disponían
de suficiente numero de tropas para realizar un cerco total
de la ciudad) parece que se limitaba a esperar, torpemente,
el golpe de sus adversarios, confiados y enardecidos por sus
recientes éxitos como estaban. El día 21 de abril
llegaron refuerzos de Siyilmassa, tropas que fueron rechazadas
y que tuvieron que retirarse hasta el interior de la capital.
Poco después, más tropas de refresco llegaban
al área, esta vez guerreros de tribus Sanhaya y Haskura,
quienes penetraron directamente en la ciudad. |
Finalmente,
los últimos en llegar, fueron los belicosos contingentes venidos
desde el Garb, al mando de Yasin b.Filu, quienes tenían
tantas ganas de llegar a las manos que rechazaron la invitación
del sultán de acampar intra muros y se situaron fuera del perímetro
amurallado, junto a la puerta de Bab Agmat, cerca de las posiciones
almohades. |
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Dentro
de la ciudad existían tropas de los mas variados orígenes,
entre estas se hallaba un destacamento de 100 jinetes andaluces
habituados a las guerras fronterizas en Al-Andalus. Lo comandaba
un tal Abd Allah b. Hamshak, quien, harto de la inactividad
y pusilanimidad de las fuerzas africanas protesto, pues deseaba
entrar en combate, obteniendo entonces el permiso de actuar según
su criterio. Reunió seguidamente 300 jinetes andaluces de
los que servían en las fuerzas almorávides y se lanzo
a escaramucear con los almohades. Parece que tuvo un desagradable
encuentro con los almohades, pudiendo advertir entonces que las
lanzas que utilizaban los cabileños eran sensiblemente mas
largas que las propias. Al día siguiente, tras hacer alargar
las lanzas de sus tropas, ataco a primera hora de la mañana
las áreas mas expuestas del área por donde se movían
los almohades. Al terminar la jornada los andaluces regresaron victoriosos
con numerosas cabezas de guerreros cabileños. Esta pequeña
victoria levanto tanto la moral de los abatidos habitantes y guarnición
de Marrakech que Ali b. Yusuf se decidió a dar por
fin la esperada orden de ataque general.
La
superioridad numérica almorávide era a todas luces
total, el ataque, llevado a cabo desde dos puntos al mismo tiempo:
desde el flanco por las fuerzas del Garb y, frontalmente, por la
ya más que numerosa guarnición desde la puerta de
Bab Aylan (probablemente también desde la de Bab al-Dabbayin),
desbarato, tras un cruento combate, las lineas de defensa almohades.
La
derrota de los rudos cabileños fue total, y muy sangrienta,
solo de entre los 10 colaboradores mas próximos de Tumart
(los pertenecientes a la Yama´a), cinco, que sepamos, mueren
en la refriega. Los supervivientes de la batalla se repliegan hacia
el agreste barranco del Wadi Issil, en donde encuentran una providencial
protección. Luego, al anochecer, gracias a la cobertura que
proporciona una oportuna lluvia torrencial, se retiran sin ser perseguidos
hasta llegar a la altura de Agmat. Alli fueron alcanzados por los
almorávides, tras un combate irrelevante, pero que ponía
de manifiesto las dificultades en las que se encontraban los almohades,
Abd al-Mumin, dividió los restos de sus fuerzas en
dos columnas para facilitar su retirada. Su regreso final a Tinmallal
estuvo jalonado de peligros, todos superados gracias la habilidad
del propio Abd al -Mumin y gracias, también, a la
cobertura y refuerzos enviados por el Mahdi para facilitar la vuelta
de los vencidos.
Abd
al-Mumin
La
batalla de Al-Buhayra si tuvo alguna relevancia real fue
la de la muerte del favorito del Mahdi y, probablemente,
su sucesor, el conocido como al-Baidaq. La desaparición
del místico y despiadado líder almohade (fue
él quien se encargo de llevar adelante el Tamiz)
dejo el camino libre para que Abd al-Mumin se ganase
a pulso el liderazgo, no solo por su posición previa
dentro de la comunidad, si no por el protagonismo alcanzado
en la salvación del resto de las fuerzas almohades
en retirada tras la derrota ante Marrakech.
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El
contraataque almorávide no se hizo esperar. Ali b. Yusuf,
aprovechando los difíciles momentos en que sin duda se encontraban
los almohades, lanzo un fuerte ataque en cuatro direcciones que
fue rechazado gracias a la cohesión que mostraron las cabilas
almohades vecinas a los, digamos, dominios del Mahdi. La batalla
tuvo lugar en territorio Gadmiwa y vino a demostrar al sultán
almorávide que en absoluto se podía dar por derrotados a
los almohades.
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Ruta
a Taraudant, valle del Sus.
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Ibn
Tumart murió de muerte natural a los tres meses
de la batalla de Al-Buhayra. Solo cinco de sus hombres asistieron
al Mahdi durante sus últimos días de vida en
el retiro que él mismo se había preparado. Los
notables almohades decidieron ocultar la muerte de su líder
pues, tras la tremenda derrota ante Marrakech, este otro golpe,
tan seguido, podría suponer el fin del movimiento.
Durante
tres largos años se oculto la muerte del Mahdi a todos
sus adeptos, Abd al-Mumin se hizo inmediatamente con
las riendas del movimiento y llevara a este, con mano firme
y tras innumerables vicisitudes, a la victoria final sobre
los almorávides.
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Próximo
capítulo: Abd al-Mumin, El Imperio Almohade, I parte.
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