LA GUERRA DE SICILIA, 215 / 214 a.C.

 

Hierónymus 230?-214 a.C.

Tras la muerte de Hierón, heredo la tiranía su hijo Hierónimus, un joven (15 años) sobre el que ya su padre no tenia muchas esperanzas e incluso se dice que planeaba proclamar la república para evitar la sucesión pero para un hombre de cerca de 90 años no es fácil enfrentarse a su familia, por lo que tuvo que abandonar esa idea y a cambio rodear a su heredero de un grupo de quince tutores escogidos (incluyendo como principales a dos de sus yernos (2)), de tal manera que se pudiese al menos encauzar debidamente las pocas aptitudes que para el gobierno parecía disponer el muchacho y sobre todo llevarle por la senda de la fructífera alianza con Roma. Muere entonces Hierón e inmediatamente se produce la sucesión y sin perder mas tiempo que el debido a las exequias y otras formalidades, Adranodoro, tutor principal del nuevo rey, alejo de inmediato a los otros consejeros nombrados por el difunto rey, aduciendo que el muchacho ya estaba maduro para gobernar por si mismo y quedandose así como valido principal del joven rey.

Comenzó enseguida Hierónimos a comportarse de una manera en todo diferente a su padre, se rodeo de lujo y púrpura y no se privo de ninguna de las depravaciones y vicios a su alcance. En el gobierno se comportaba altiva y despectivamente y apenas concedía audiencias o trabajaba con los distintos consejeros del estado, tampoco se privaba de las mayores crueldades entre los que le rodeaban, en verdad como un verdadero tirano aunque mas como un inconsciente insensato.

Como era obvio, el tema mas candente de la actualidad era la guerra entre Carthago y Roma, si ya la ciudad se encontraban opiniones divergentes acerca del tema, entre los mismos consejeros existía una beligerancia de opiniones a favor de mantener la alianza y otra a favor de Carthago, entre estos últimos se contaban Adranodoro y Zoipo (3), tíos y tutores del rey, opuestos a la idea del mantenimiento de la alianza con Roma (1) , defendida principalmente por Trasón, otro de los íntimos del joven rey. Adranodoro, realmente interesado en la ruptura con Roma, encontró la manera de inclinar la balanza a su favor, a resultas de un complot palaciego (4), se vio involucrado Trasón y su cabeza no tardo en rodar, de esta manera ya abiertamente pudieron convencer al rey de mandar embajadores a Aníbal, quien en respuesta les envió como legados a dos de sus colaboradores, los hermanos Hipócrates y Epícides, quienes aunque cartagineses de nacimiento eran nietos de refugiados siracusanos, también llego con ellos un joven noble llamado Aníbal. Estos personajes, los hermanos, pronto demostraron sus aptitudes y firmaron una alianza con Hierónimus.

No tardo el pretor romano en enterarse de las nuevas, por lo que envió sin tardanza embajadores a Siracusa con ordenes de solicitar del joven rey la renovación del tratado de alianza que les unía desde hacia ya 50 años. Los embajadores no recibieron si no burlas del tirano, quien además les echaba en cara la reciente derrota de Cannas, estos, se retiraron no sin antes advertirle de las consecuencias de dar el ultimo paso de ruptura. Hierónimus, decidido ya, despacho embajadores a Carthago para la rubrica de la alianza y al mismo tiempo acordar la repartición de la isla, en principio aspirando solo a la vieja linea de el río Hímera pero luego y ensorbecido por su camarilla (Le recordaban las aspiraciones de su abuelo el mismísimo Pirro, rey del Epiro), solicito directamente el apoyo para la anexión de toda la isla.

Mapa, Sicilia poco antes de la guerra.
Al tiempo que los siracusanos se veían envueltos en querellas intestinas, los romanos y los cartagineses tomaron posiciones por lo que pudiera ser. La flota cartaginesa, al mando de Himilcón, esperaba acontecimientos junto al promontorio de Pachynus, los romanos, reforzando sus fuerzas en Sicilia tanto en tierra como en mar, aguardaban en el estrecho de Messina el momento adecuado para intervenir directamente en los acontecimientos.

Se preparo debidamente la ruptura de las hostilidades dando a Hipócrates y Epícides sendos contingentes de avanzadilla de 2.000 hombres cada uno mientras el se ponía a la cabeza del grueso de las fuerzas, unos 15.000 hombres. Pero sucedió que en ese momento, de nuevo se había activado la vieja conjura contra el rey, y los rebeldes, que se encontraban todos además en las propias filas del ejercito del rey, emboscaron al joven en una de las plazas de la ciudad de Leontinos por donde debía pasar, de camino a la frontera, y le dieron muerte. Inmediatamente la situación se torno en un caos con un peligroso vacío de poder, los conjurados se movían deprisa e intentaban tomar posiciones, estallo al poco un motín entre las tropas de Leontinos, exigían la cabeza de los regicidas, pero estos hábilmente dejaron correr los sobornos entre los soldados y comenzaron a hacer propaganda del nuevo régimen, la república, la libertad, el reparto de los bienes del tirano... , no parece que costo mucho hacer que el pueblo y las tropas se convenciese de las bondades que el nuevo régimen traería a la reino. Así pues, mientras parte de los conjurados se quedaba en Leontinos para hacerse con el control del ejercito, Teódoto y Sosis, dos de los cabecillas, junto con la caballería corrieron a Siracusa para adelantarse a los rumores de la muerte del rey y sorprender a los colaboradores del tirano antes de que estos tomasen medidas de defensa. Demasíado tarde, Adranodoro ya había sido informado y se había parapetado en los puntos fuertes de la ciudad, Teódoto se apodero del resto de la ciudad. Adranodoro, pese a encontrase en fuertes posiciones, sabia que su posición no era muy segura y pese a los consejos de Demarata (hija de Hierón) que le impelía a defenderse hasta la muerte, prefirio adoptar un camino intermedio y convocar a la ciudad a deliberar sobre la situación, entregando su poder en la asamblea haciendo un acto publico de constricción, lo que curiosamente le valió la confianza del pueblo que de nuevo le coloco en una de las posiciones preeminentes de la ciudad junto a los conjuradores. Después, se tomaron una serie de medidas encaminadas a cimentar la nueva situación política adquirida como la de la desmantelación de la muralla que separaba la isla de la ciudad, uno de los símbolos de la tiranía.

Mapa, Area de Siracusa.

Mientras tanto, Hipócrates y Epícides fueron abandonados por sus tropas al saberse de la muerte del rey, estos sin perder tiempo se dirigieron a Siracusa y se presentaron ante los dirigentes de la naciente república para justificar su comportamiento al mismo tiempo que solicitaban permiso y escolta para regresar junto a Aníbal, mientras, se dedicaban a socavar la autoridad de los nuevos gobernantes difundiendo sediciosos rumores entre la tropa y el pueblo, y acusando a estos de connivencia con los romanos y de estar preparando con su apoyo una nueva instauración de la tiranía, de tal forma y manera prendieron estos rumores que en poco tiempo parecían haber recuperado ya las fuerzas e influencia los viejos partidarios de la alianza con Carthago como Adranodoro y otros. Sin embargo, pronto los nuevos gobernantes tuvieron ocasíón de meter en cintura a los sediciosos, aprovechando que habían sido delatados en sus manejos, hubo una rápida y contundente purga de los cabecillas siracusanos sediciosos, Adranodoro y Temisto fueron ejecutados y así sus cuerpos expuestos públicamente sirvieron para serenar los ánimos entre el pueblo, o al menos temporalmente, a estas muertes siguieron las de la totalidad de los miembros de la familia del tirano Hierón, para cercenar así definitivamente las aspiraciones de sus descendientes (5). Poco después de estas muertes, el pueblo, que en principio había aprobado los hechos, como muchas otras veces cambio de parecer y enseguida se escucharon voces criticando a los gobernantes por su celeridad en hacer desaparecer a la familia de Hierón, daba entonces la casualidad que se tenia que reunir el pueblo para elegir a los dirigentes sustitutos de los muertos Adranodoro y Temisto, entonces, no se sabe como, comenzó a propagarse entre la plebe los nombre de Epícides e Hipócrates, al rato ya eran la mayoría quienes solicitaban a estos dos hombres para los cargos vacantes, las autoridades, pese a ver en ellos a los enemigos declarados, no se atrevieron, por el temor a una insurrección, a oponerse a los designios del pueblo, por lo que los dos hombres de Aníbal en Siracusa entraron de rebote en el gobierno de la ciudad. Es estos mismos momentos, embajadores del pretor de Sicilia trataban de conseguir de los gobernantes de la ciudad una ratificación del tratado de alianza, además y para complicar mas las cosas, una poderosa flota cartaginesa hacia acto de presencia y se situaba a la expectativa en el promontorio de Pachino, a pocos kilómetros al sur de la ciudad. La presencia púnica alentó a Epícides e Hipócrates a desvelar ya abiertamente su beligerancia para con el gobierno de la ciudad y les acusaban públicamente de querer entregar la metrópoli a los romanos, casualmente llego en esos momentos ante la bocana del puerto la flota de guerra romana (100 quinquirremes) al mando del propio pretor de Sicilia A. Claudio, que acudía ante la ciudad para de esta forma dar apoyo moral a los partidaros de Roma. Se convoco asamblea en Siracusa para debatir las dos opciones que se tenían, opciones por las que se tenían que decidir, finalmente se opto por inclinarse a favor de la alianza ya conocida, por Roma. Así las cosas, aprovecharon los dirigentes de la ciudad que la ciudad de Leontinos solicitaba una guarnición, para enviar como jefe de la misma no solo a uno de los dos conflictivos cartagineses, Hipócrates, si no también a los desertores (6) romanos que servían en las filas siracusanas y que eran los mas firmes secundadores de las aspiraciones de Epícides e Hipócrates. Salió pues Hipócrates al mando de un total de 4.000 hombres, pues se le habían unido algunos mercenarios a sus fuerzas. No sucedió todo como habían previsto las autoridades, Hipócrates, tan pronto como llego a Leontinos, comenzó a realizar saqueos al otro lado de la frontera, desafiando a los romanos, por lo que a los pocos días la situación volvió a tornarse confusa, pues los romanos exigían ahora también la expulsión de Sicilia de los dos conflictivos cartagineses, juntos ahora en Leontinos, a donde había ido a refugiarse Epícides. En Siracusa, el gobierno declaro que la ciudad de Leontinos y los dos sediciosos estaban fuera ya de su control y pidieron al cónsul Marcelo (que a la sazón y debido a la gravedad de los acontecimientos le había sido dado el mando de Sicilia) que podía actuar contra la ciudad con libertad, pues no lo considerarían un acto de guerra contra Siracusa.

No tardaron mucho las legiones en ponerse en movimiento, el propio cónsul al mando de todas las fuerzas bajo su mando se dirigió sin tardanza a Leontinos mientras ordeno a Apio Claudio desembarcar sus tropas y dirigirse por el camino opuesto también a la misma. Era tal la furia que embargaba a los propios soldados (los recientes ataques de Hipócrates no habían sido todavía devueltos) que al primer asalto se tomo las murallas, sin embargo los dos cartagineses pusieron tierra por medio y se refugiaron en una pequeña ciudad cerca de Siracusa. Marcelo, que no quería dejarlos escapar, levanto pronto los reales y se dirigió directamente contra Herbeso (ciudad donde se habían refugiado), Epícides e Hipócrates atemorizados escaparon de nuevo y se presentaron ante una fuerza de 8.000 soldados siracusanos (en su mayor parte seguramente mercenarios) que se encontraba entre Leontinos y Siracusa, estos dos cartagineses ya antes habían demostrado su habilidad y capacidad de manejar a las masas, cosa que volvieron a poner en evidencia pues pocas horas después de encontrarse con el ejercito siracusano ante el cual tendrían que haber sido detenidos inmediatamente, no solo se libraron de esa suerte si no que se hicieron con el control de toda esa fuerza militar y la dirigieron contra la misma Siracusa, entraron en tromba en la ciudad en la que ya el gobierno había perdido todo el control, siguió ahora una matanza indiscriminada de todos los gobernantes y sus afines y por fin y ya con la ciudad bajo su control, se declaro la guerra a Roma.

 

Vista de la costa siciliana
  • Vista desde Catania del Etna y la costa que se extiende hasta Siracusa que aparece sobre los últimos promontorios costeros en la lejanía, todas estas tierras pertenecían al reino del mismo nombre.

 

Pagina principal Enlace con la página principal de la Web Aníbal y la II Guerra Púnica Enlace con el atlas histórico. (recopilación de los mapas del sitio web) Ver diccionario de personajes Enlace con el diccionario de personajes históricos
retroceder una pag.pag. siguiente
Temas relacionados
El asedio de Siracusa I y II.
 

(1) Otros personajes que aparecen mencionados por Polibio como afines a Roma son: Aristomaco de Corinto, Dannipes de Esparta y Autono el Tesalió.Volver

(2) Eran Adranodoro y Zoipo, maridos de dos de las hijas del tirano quienes enseguida mostraron sus ambiciones de poder. Volver

(3) El principal implicado en el complot para acabar con el joven rey era uno de los principales llamado Teódoto, hombre parece que valiente, pues sometido a tortura resolvió no dar los nombres de sus cómplices pero si la de otros notables que se le hacían seguramente odiosos y que pertenecían a la intimidad del soberano, el principal de ellos Trasón, y tras el otros muchos relevantes por su lealtad y bajeza ante el joven tirano. Fue tal el miedo que este complot causo al soberano que tras enterarse y creer de la supuesta participación de su leal Trasón no dudo en ejecutar a todos a los que Teódoto iba denunciando en su larga agonía bajo la tortura.

Era tal la confianza que se tenia en la serenidad y firmeza de Teódoto, que los verdaderos participantes en el complot nunca temieron que su amigo les denunciase y se dice que se movían con libertad por Siracusa sin que ninguno hiciese amago de escapar de la ciudad.

Parece ser que Teódoto no fue ejecutado, lo mas lógico seria pensar que fue encarcelado y quizás posteriormente liberado por los conjurados que dieron muerte al rey. Volver

(4) Casado con Heraclia, hija de Hierón. Fue enviado Zoipo por Hierónimus como embajador ante Ptolomeo, rey de Egipto, sin embargo eludió su mandato y se quedo en Alejandría autoexiliandose de Siracusa. Volver

(5) Los familiares de Hierón muertos en la represión fueron: Demarata, hija de Hierón, esposa de Adranodoro, Heraclia, nieta de Hierón, esposa de Zoipo. También cayeron bajo las espadas de los asesinos dos niñas de corta edad, hijas de Heraclia, que fueron atrozmente muertas después que su madre. Volver

(6) Durante estos años de guerra entre Carthago y Roma, muchos desertores romanos de la flota habían llegado a Siracusa, el único lugar de refugio que disponían, obviamente no deseaban que la ciudad se aviniese con los Roma pues ellos serian sin duda los primeros perjudicados, así pues maniobraban en lo posible para evitar este supuesto. Volver