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EL SITIO DE SIRACUSA, resolución.

Al comenzar la primavera se desato con toda virulencia la ofensiva cartaginesa sobre la isla, al operar con toda libertad el ejercito cartaginés de Himilcón, Marcelo se vio obligado a aliviar un tanto el cerco sobre la ciudad y a dirigir parte de sus fuerzas sobre los cartagineses, desesperanzado además de tomar al asalto las murallas ni de rendirla por hambre, pues le entraban con facilidad suministros por mar dada la dificultad de cerrar tan amplio perímetro.

Intento no obstante Marcelo, todo lo referente a la traición, intentando repetidas veces crear una quinta columna dentro de la ciudad, en una de estas ocasíones, habiendo ya convenido con los de dentro un plan. se vino todo abajo por culpa de un chivato, la represión alcanzo a unos 80 conjurados que fueron rápidamente ejecutados. Consiguió Marcelo, gracias a un intercambio de prisioneros, acercar a sus observadores muy cerca de las murallas en la zona del puerto de Trogilos, junto a la torre llamada Galeagra, punto equidistante entre el campamento romano y las posiciones siracusanas. Los romanos pudieron así analizar la altura de algunos tramos de muralla y darse cuenta de que la altura de las mismas no era tan grande como en principio habían calculado. Escogió el cónsul romano un día especial para el asalto, informado por un desertor de que se celebraban durante tres días la fiesta dedicada a Diana y que entre la guarnición corría con largueza el vino a falta de otras cosas, resolvió el romano atacar de madrugada, cuando el alcohol hubiese echo mella ya en los enemigos. Se envío entonces un contingente de 1.000 hombres en fila y guardando un silencio total hasta el pie de las murallas que antes se habían escogido. Primero unos pocos y finalmente todos los hombre pudieron subir a las murallas y hacerse con ellas. Se hizo entonces avanzar a todo el ejercito que comenzó a colocar mas escalas en las murallas asaltadas, mientras, las tropas romanas, ya dentro de la meseta, avanzaban sin resistencia hasta el Hexápilo en donde por fin eran descubiertos. Los romanos se hicieron entonces con una puerta de la muralla a la que comenzaron a violentar, al mismo tiempo sonaban ya las cornetas y el griterio de los soldados romanos pues todo se hacia ya con gran algarabía y ruido. Los centinelas siracusanos, llevados por el pánico, abandonaron sus posiciones, dandolas ya por ocupadas y se retiraron en masa a la Achradina. Epícides, establecido en la isla, reacciono rápidamente y al mando de sus tropas se dirigió hasta la meseta de Epipolae intentando entrar en combate con los romanos, retrocedió no obstante, no porque temiese a estos, si no que reflexiono que debía mantener la calma dentro de la ciudad no fuese que se aprovechase el momento para tramar contra el alguna conspiración. De esta forma, Marcelo pudo por fin atravesar las murallas y establecerse firmemente en la meseta.

Una vez dentro de las fortificaciones siracusanas intento el romano entablar conversaciones de paz con los de la ciudad, fue de inmediato rechazado (1) . Se dirigió ahora con sus tropas hacia la colina de Eurialo, en donde se levantaba la fortaleza del mismo nombre, intento hacerse con ella diplomáticamente pero no consiguió tampoco nada, en vista de que la posición era inexpugnable opto por retroceder y estableció su campamento entre los barrios de Ticha y Neapolis, lejos de las zonas habitadas para evitar que las tropas se desbandasen, luego, y con un cierto orden, permitió el saqueo de las propiedades siracusanas en esas zonas de la ciudad. Por aquellos días Filodemo, oficial al mando de la fortaleza de Eurialo, entrego la misma a los romanos al cerciorarse de que no seria ayudado por los suyos. Pacto la rendición y se retiro con sus tropas a la Acrhadina.

Area de Siracusa, el asalto.

EL CONTRAATAQUE

Bomílcar, que permanecía entonces en el puerto de Siracusa con una flota de 90 navíos, al percatarse de que el bloqueo de la flota romana a la ciudad se había levantado por causa de un temporal, largo velas hacia Carthago con 35 naves dejando a Epícides en Siracusa otras 55. LLegado a África, convenció al senado de la necesidad de ayudar a Siracusa por lo que se le entregaron 45 barcos mas y retorno así con 100 navíos a la sitiada ciudad. Ahora los acontecimientos se precipitan, el ejercito terrestre cartaginés, al mando de Himilcón, mas los restos de las fuerzas siracusanas de Hipócrates se acercaron por el este al tiempo que la flota cartaginesa de Bomílcar fondea en el puerto grande y amenaza las comúnicaciones entre el II campamento romano y el campamento antiguo en donde se encuentra T. Quinctio Crispino. Epícides, una vez confirmado que Himilcón e Hipócrates atacaban las posiciones romanas de T. Crispino, avanzo a su vez contra las de Marcelo en la meseta de Epipolae.

Todos los ataques fueron rechazados, los romanos permanecieron en sus posiciones y por si esto fuera poco, la peste hizo acto de presencia entre las tropas situadas alrededor del puerto grande. Establecidas estas en terrenos pantanosos e insanos el calor de un otoño soleado hizo que pronto apareciesen las fiebres. Con todo, y pese a que el mal perseguía a los dos bandos por igual, hizo presa con mas virulencia en los cartagineses, recien llegados y poco habituados a las aguas y demás, mientras los romanos, después de una larga permanencia en el cerco se encontraban ya mas acostumbrados a ello. La enfermedad hizo estragos hasta tal punto entre los púnicos, que su propio general, Himilcón, cayo víctima de la enfermedad. Finalmente el ejercito cartaginés se deshizo, aunque tampoco fueron pocas las bajas entre las fuerzas romanas.

Los siracusanos de Hipócrates, quien también murio de la enfermedad, se retiraron ahora lejos de la ciudad repartiendose por las fortificaciones menores de la zona (a no mas de 15 km. de Siracusa) en donde comenzaron a reorganizarse recibiendo refuerzos de las ciudades propias y aliadas. En la ciudad el desaliento se apodero de la población, pero poco tiempo después se recibieron noticias, los cartagineses volvían y esta vez con una flota como nunca se había visto, al mismo tiempo se sabia que las tropas siracusanas del exterior se reorganizaban con celeridad y decisión, un nuevo soplo de esperanza se abría para la ciudad sitiada. Llegaron ahora noticias de que la flota púnica se encontraba parada junto al promontorio de Pachino, días después la situación seguía igual por lo que Epícides resolvió embarcarse en un navío rápido y dirigirse hacia sus aliados, este, tras cerciorarse de que los cartagineses rehuían el combate y se alejaban definitivamente de Siracusa decidió abandonar también el a la ciudad y se retiro a Agrigentum, junto a las tropas cartaginesas.

En la ciudad las nuevas de la retirada cartaginesa y mas aun la de Epícides, el líder de la defensa, termino con la resistencia de la población Se enviaron embajadores al campamento de Marcelo para tratar la rendición, llegados a un acuerdo, volvieron los legados a la ciudad en donde, junto a los otros notables de la misma, decidieron acabar con la vida de los oficiales que Epícides había dejado al frente de la guarnición, gente leal a su causa y que no estaban por la tarea de entregar la ciudad a los romanos. Después reunieron la asamblea ciudadana en donde de común acuerdo se nombro un nuevo gobierno y se decidió entregar la ciudad a los romanos. Ocurrio entonces que el numeroso grupo de desertores romanos, aterrados con la idea de que serian entregados a sus compatriotas, convencieron a los mercenarios de que serian ambos grupos represaliados por los romanos. Tras ponerse de acuerdo, mercenarios y desertores tomaron las armas y arremetieron contra la población, asesinaron a los miembros del gobierno recién formado y se repartieron ahora entreambos la defensa de la ciudad. Nombraron a seis oficiales como jefes de manera que tres mandasen en la Achradina y otros tres en Nasos. Cuando la situación ya se había calmado, los mercenarios poco a poco se fueron dando cuenta de que su situación no era igual que la de los desertores romanos, que evidentemente estos serian castigados pero que ellos no tenían por que serlo pues no era ciertamente habitual que fuese así

Marcelo, disponía entre sus filas de cierto numero de personajes hispanos recién llegados de la península, enviados por los escipiones a fin de que en los diversos frentes de la lucha convenciesen a sus compatriotas de que abandonasen la causa de los cartagineses y se pasasen a los romanos. Uno de estos hispanos se encontraba en Sicilia, en el campamento de Marcelo, por lo que fue enviado a encontrarse con Merico, hispano y uno de los tres oficiales que controlaban ahora la Acrhadina, le contó a este lo que acontecía en Hispania, en donde los romanos ganaban la guerra y en la que casí todos las tribus y naciones se pasaban a sus filas. Le ofrecían a el los romanos servir como jefe en sus filas o bien ser repatriado con honores a la península, la alternativa era seguir sitiado y perecer, Merico acepto pues traicionar a sus compañeros.

Días después, a Merico le toco en suerte defender el tramo de muralla que se extiende entre la Acrhadina y la isla de Nasos, se lo hizo saber a Marcelo, el cónsul hizo entonces remolcar por una trirreme de guerra un barco de carga repleto de soldados que desembarco de madrugada en la zona de la muralla que daba al puerto grande y que estaba bajo custodia de Merico, luego entraron estos en la ciudad y aguardaron. Al amanecer Marcelo desencadeno un ataque masívo desde la meseta de Epipolae contra las murallas de la Acrhadina, allí se concentraron los defensores, incluso desde la isla de Nasos salieron a la carrera las tropas allí establecidas para sumarse a la defensa, después, unas naves ligeras romanas desembarcaron tropas en la isla que, posiblemente con ayuda de los romanos y los mercenarios de Merico, se hicieron con las posiciones siracusanas sin apenas oposición. Solo resistieron los desertores romanos, el resto huyo dando la cosa por perdida. Una vez que en la ciudad se supo de la irrupción de los romanos, las defensas siracusanas se derrumbaron, los desertores romanos, principales adalides de la resistencia huyeron o se dispersaron y así, las autoridades pudieron por fin abrir las puertas de la ciudad a Marcelo y sus legiones.

La ciudad de Siracusa, la mas rica del Mediterráneo, fue sometida a un sistemático saqueo en el que no se ahorro ninguna crueldad (durante el mismo fue asesinado Arquímedes, una perdida que sintió profundamente Marcelo), terminaba así un largo asedio de tres años, tras el que, no obstante, no llegaría la paz a Sicilia, todavía quedaba mucho por hacer..

 

 

ALGUNAS RECONSTRUCCIONES DE ARMAMENTO PESADO DE LA ÉPOCA QUE TRATAMOS
Foto, armas pesadas 1 Foto, armas pesadas 2 Foto. Armas pesadas 3

GASTRAPHETES

EUTYTHONON

 

(1) La muralla que separaba la Achradina de la meseta se encontraba en ese momento guarnecida principalmente por desertores romanos, quienes, al no tener esperanzas de salvación en caso de caer en manos de sus compatriotas, impidieron que nadie se acercase a las murallas ni se dirigiese a los romanos. Estos desertores, en un numero inusualmente alto (quizás antes de comenzar la guerra habría unos 4.000 en territorio siracusano) son sin duda huidos del ejercito y sobre todo la flota romana establecida en Sicilia durante tantos años antes y que habrían llegado y se habrían refugiado así en este territorio mas o menos neutral escapando de la guerra o del mismo ejercito. Volver.